lunes, 28 de septiembre de 2015

Y la vida pasa....







Pasan los segundos, pasan los minutos, las horas, los días, pasan los años, pasa la vida….

Implacable reloj proporcionalmente inverso a la consciencia y directamente proporcional a nuestra inconsciencia.

¡Cuánto tiempo perdido!

Malgastado en quejas, lamentos, frustraciones que no tienen sentido, enfados, momentos de cólera, tiempo empleado en tantas cosas que restan.
Oportunidades, personas disipadas en el camino que nunca debieron quedarse atrás. 
Otras como compañía tóxica que tiñe de gris tus días.
Responsabilidades mal entendidas, obligaciones impuestas por elementos ajenos que intentan controlar tu vida sin ni siquiera haberse probado tus zapatos.
Ausencia de honestidad, incoherencia, reglas sociales, religión como elemento de manipulación, educación basada en tabúes, imposiciones, injusticias, incongruencia y normas rígidas que no tienen fundamento.
Estatus, lujo, ansias de poder a cualquier precio.
Hipocresía y demagogia como recursos en una carrera dónde todo vale, aunque a tu paso lo único que dejes es un territorio devastado y sin posibilidad de volver a regenerarse…   

Y como contrapunto cientos de miles de horas de experiencia.

Y llega el día en el que inevitablemente te paras, observas y con consciencia, miras atrás, miras adelante, miras dónde estás y haces balance con resultado de ¡quiero volver a empezar!

Pero el tiempo no ceja en su despiadado avance y la omnipotente tecnología todavía no ha descubierto la marcha atrás. 

Sólo hay una opción, seguir adelante, pero cada vez estás más cerca del final del camino...

Y en ese instante miles de preguntas se agolpan en tu cabeza:

Cuántas veces te has quejado y menospreciado cosas añoradas cuando ya las has perdido.

Cuántas veces has elegido enfadarte cuando era posible reconducir la elección porque no era tan grave el motivo.

Cuántas veces has puesto en el primer orden de importancia aquello que estaba en las últimas posiciones.

Cuántas veces has creído que tus obligaciones estaban por encima de tu felicidad, cuando podían ser compatibles.

Cuántas veces has juzgado gratuitamente cuando no practicabas la empatía.

Cuántas veces te has justificado a ti mismo sabiendo que no eran correctas tus acciones.

Cuántas cosas te has perdido bajo el yugo de modelos sin sentido.

Cuántas veces has confundido responsabilidad con vida sin ilusiones.

Cuántas veces tus ansias de poder han transgredido los límites de lo permitido.

Cuántas veces te has justificado a ti mismo para poder dormir, a sabiendas de que el insomnio era más que merecido.

Cuántas veces has cambiado instantes de felicidad, por cargas acumuladas en tu mochila que no has sabido tramitar.

Cuántas veces has elegido limpiar la casa/hacer horas extras en la oficina, en lugar de ir de cena con tu pareja.

Cuántas veces has elegido odiar cuando sólo te hacías daño a ti mismo.

Cuántas veces la envidia te ha corroído cuando la elección era admiración, respeto y ejemplo.

Cuántas veces has optado por la venganza en lugar de la indiferencia.

Cuántas veces te has quedado inmóvil donde no eras feliz porque miedo y  riesgo anularon a  coraje, decisión, valentía y sueños.

Cuántas veces has lamentado tu suerte sin dar un solo paso por salir a su encuentro.

Cuántas veces  te has situado como última prioridad cuando cambiando las posiciones tu felicidad era la consecuencia.

¡Cuántas veces tantas cosas!

¡Cuántas veces tanto tiempo!

En contraposición…

Cuántas veces has comprendido que eres más afortunado que la mayoría.

Cuántas veces has sido feliz después de hacer lo correcto.

Cuántas veces te has sentido satisfecho por tu buen trabajo  aun en circunstancias desfavorables.

Cuántas veces has dormido como un niño tras elegir ser valiente, vencer los miedos y correr riesgos desechando la autojustificación.

Cuántas veces te has emocionado contemplando una puesta de sol regalándote ese momento.

Cuántas veces has elegido lo que realmente merece la pena y te hace feliz.

Todas estas y muchas otras preguntas se agolpan en tu cabeza cuando parado y consciente, haces tu propio balance.

Eres un resultado de sumas y restas.

Y justo ahí, en ese momento de plena consciencia, te das cuenta de lo que realmente importa y da sentido a tu vida.

Párate amigo mío, párate ahora si no lo has hecho ya y  mira...

Ha llegado el momento de tu pausa, de tu balance, ¡hazlo ya!, detente, no sigas caminando en la inconsciencia, no elijas obviar la evidencia.

Cierra los ojos, concéntrate, relájate y piensa….

Cuántas cosas te has perdido que desearías recuperar.

Cuantos instantes de felicidad has dejado pasar creyendo que volverían.

Cuantas oportunidades ignoradas por miedo al fracaso.

Cuánto tiempo desperdiciado en vano ¡que ya no retornará!

Ahora, a solas contigo mismo,  es el momento de las sumas y las restas, el momento de realizar con sinceridad el resultado de tu balance.

Se plenamente consciente de cuánto has aprendido, de lo mucho que tienes y VALORA todo lo bueno que hay en ti.

Es tiempo de cambiar el paso.

Tú decides cómo quieres recorrer el resto del camino…. 
Si perdiéndote la vida o invirtiendo cada minuto en ser feliz.  


Esther de Paz

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