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martes, 15 de diciembre de 2015

¿Eres antisocial? Quizás sufras de intolerancia…







Hace pocos días leía esta frase en Facebook ...

“No soy borde, sólo tengo intolerancia a los gilipollas”

Me pareció buenísima y no dudé ni un momento en darle mi “me gusta”. Confieso que me magnetizó porque me sentí plenamente identificada.

Discúlpame la expresión pero la causa lo justifica.

Verás, soy de esas personas que analiza una y otra vez las cosas, las piensa, las reflexiona, se hace preguntas, busca sus fallos para intentar mejorarlos, consciente de que siempre hay mucho camino por recorrer y muchas, muchísimas cosas por mejorar de nosotros mismos. Y en estas largas y profundas charlas con mi Yo más profundo, llevo tiempo preguntándome reiterativamente si me estoy volviendo “antisocial”.

Hace años ya…. que camino por la vida y cada día, con más frecuencia, observo miles de quejas y lamentos con contrapartida pasividad, no veo acción en las personas, no veo lucha, afán de superación, resiliencia, fuerza y coraje para cambiar esa situación que incomoda, también observo egoísmo, relaciones superficiales basadas en el más puro interés, grupos de personas que se autodenominan amigos y en el momento en que uno de ellos se ausenta se convierte en centro de críticas y sarcasmos sobre su persona, cuando 5 minutos antes eran todo sonrisas, halagos y postureos de "happy friends".

Observo un mundo artificial donde lo material se sobrepone a lo espiritual en una escala desmedida, observo que la nobleza, la coherencia, el compromiso, la honestidad y la empatía han quedado relegados a ser términos olvidados en las páginas de un diccionario.

Y ocurre que cada vez siento menos interés por tener, lo que se entiende por, vida social. Cada día me siento más feliz conmigo misma como única compañía.

¿Por qué?, porque no me interesa "aparentar", porque siento que lo que me rodea no me aporta, no me enriquece, no me apasiona, no me ilusiona, no me hace feliz, me deja indiferente y, lo peor,  absorbe mi energía dejándome exhausta y con una amarga sensación de haber tirado a la basura una parte de lo más valioso que poseo, mi tiempo.

Cuántas veces te encuentras en lugares, situaciones, con personas... y te sorprendes preguntándote… ¿qué hago yo aquí?

Todo eso te revuelve por dentro y le das vueltas y más vueltas y llegas a pensar que el problema eres tú, que tú eres el loco que va por la autopista en dirección contraria pensando que los locos son los que vienen de frente.

Muchas horas de conversación contigo mismo intentando averiguar dónde está el error.

Sin embargo vives momentos maravillosos en compañía de algunas personas dónde todo eso no sucede, dónde sientes una sintonía perfecta, dónde se pasan las horas sin que te des cuenta, donde te cargas de energía, de ilusión, de ganas de vivir, de seguir creciendo junto a ellas, porque te aportan tanto, te llenan y te hacen feliz y en lugar de preguntarte ¿qué hago yo aquí? Llegas a casa con una sonrisa en el alma sintiendo ¡que afortunada soy por tener en mi vida personas que merecen la pena!

Hay un momento en la vida donde de tanta experiencia, de tanto observar, de tanto vivir, de tanto pensar, de tanto sentir…. tienes muy claro lo que quieres y aún más claro lo que NO QUIERES.

No me interesa la gente políticamente correcta
No me interesa la gente egoísta
No me interesa la gente falsa
No me interesa la gente interesada
No me interesa la gente sin nobleza
No me interesa la gente para la que la empatía es un terreno inexplorado
No me interesa la gente que no practica la honestidad
No me interesa la gente que miente
No me interesa la gente con un corazón que no sabe sonreír, ni sentir
No me interesa la gente sin alma
No me interesa la gente simple
No me interesa la gente que se queja y lamenta amargamente pero no mueve ni dedo por cambiar su situación
No me interesa la gente prepotente
No me interesa la gente que se mira el ombligo
No me interesa la gente que te busca por interés
No me interesa la gente fanática de ningún tipo
No me interesa la gente intolerante
No me interesa la gente que se aprovecha del débil
No me interesa la gente que no sabe perdonar
No me interesa la gente que odia
No me interesa la gente que sólo sabe brillar apagando la luz de los demás
No me interesa la gente cobarde
No me interesa la gente sumisa
No me interesa la gente violenta
No me interesa la gente manipuladora
No me interesa la gente sin valores
No me interesa la gente por lo que tiene sino por lo que vale.

No me interesa la envida, la violencia, la venganza, el odio ni la hipocresía.
No me interesa nada que no me aporte como persona, que me haga crecer, ser mejor cada día, aprender, emocionarme, soñar, que me inyecte energía, ilusión, ganas de vivir y que me inspire a sentir a su lado ¡qué bonita es la vida!

Creo en un mundo mejor, creo en las personas, en el pleno significado de la palabra, creo en la amistad verdadera, creo en el amor y creo en los sueños.

Y si por todo ello me tachan de borde, seguiré respondiendo….

“No soy borde, sólo tengo intolerancia a cierto tipo de personas...”


Por eso querido amigo, si tú también sufres de la misma intolerancia que yo, puedes estar tranquilo, no te estás volviendo "antisocial".

Mi consejo de hoy es que no cambies nunca, que no te dejes arrastrar por la masa, que no permitas que nada destroce tus sueños, que no toleres que nadie camine por tu mente con los pies sucios.

Rodéate e invierte en esa gente que te hace feliz, que llena y da sentido a tu vida, que te hace crecer, que te enseña y te inspira a ser mejor persona, que dibuja una sonrisa en tu alma y con la que puedes construir un mundo mejor, más justo y más humano.

Continúa charlando contigo mismo, no temas estar solo, disfruta de tu compañía, se selectivo, invierte tu esfuerzo y tu tiempo en lo que realmente merece la pena, sé fiel a ti mismo, escucha a tu corazón, defiende a muerte tu esencia, tu personalidad y tus ideales, no permitas que te manipulen, revélate y siéntete orgulloso de ser como eres.

No elijas nunca la pastilla azul.



 Esther de Paz

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lunes, 2 de noviembre de 2015

¡Resiste!




Hay días incluso temporadas en que todo tu mundo se oscurece y el negro es el color del horizonte. Esto sucede, es así y además es común, todos pasamos por ello en algún momento.
Son días/temporadas duras, que nos ponen a prueba impactando directamente en nuestra línea de flotación.

¿Sabes de qué te hablo, verdad?

Te hablo de esos momentos en que no eres capaz de ver los colores y además piensas que ya nunca jamás lo serás.
Días más oscuros que el negro donde únicamente pasan por tu cabeza  pensamientos de cansancio, agotamiento y desolación.

¿Te sorprende que lo sepa? ¿Qué sea capaz de adivinar cómo te sientes y lo mucho que necesitas ese abrazo que no llega…?

Pues tranquilízate, porque, aunque no lo creas, no eres especial,  ni raro.
Por esa situación pasamos todos, sin excepción, en algún momento o momentos de nuestra vida y como es inevitable lo único que tienes que hacer es resistir.

Lo importante es resistir, resistirte a esas ganas de abandonar todo, de tirar la toalla, de rendirte, de abandonarte...


No te digo cambiar de humor, no te digo sonreír si no te salen nada más que lágrimas, no te digo luchar si no tienes fuerzas, no te digo fingir alegría y emoción cuando lo que necesitas es un recogedor para recoger cada uno de los mil pedazos de tu ánimo roto, esparcidos por el suelo...

No, no te digo que hagas imposibles ni que seas un súper héroe, sólo te digo ¡resiste!, resiste, hiberna tu corazón si es preciso, pon tu mente a ralentí, funcionando sin desgaste. Si no puedes correr, camina, si no puedes caminar utiliza un bastón, pero no te pares, no te abandones, sólo resiste.

Ese color negro es pasajero y lo sabes, incluso aunque las cosas no cambien, porque eres tú el que va a cambiar el color de tus emociones, porque aunque las cosas no cambien tu eres capaz de transformar la adversidad en oportunidad y convertir el negro en blanco, el gris en azul y el marrón en verde.  

Resiste, porque las cosas sólo cambian cuando tú estás fuerte y convencido de que se puede.

Es posible que hoy sólo seas capaz de ver el negro, pero si aguantas, si resistes sin abandonar el barco, el arco iris volverá a iluminar tu vida y tú volverás a sonreír y ser feliz.

¡Resiste, por favor, no te rindas!

Los problemas, las desilusiones, las decepciones son una constante en nuestra vida y precisamente por eso tienes capacidad de lucha, de superación y de volver a levantarte cada vez que NO te rindes, cada vez que superas un nuevo obstáculo, cada vez que te levantas y vuelves a empezar con más fuerza y absoluta decisión de que nada ni nadie podrá conseguir que te dejes morir en el fango.

No es la primera vez que te pasa ni será la última, ya lo has vivido y superado en muchas ocasiones y sí sé que cada vez parece más duro y difícil, se que sientes que estás agotado de remar y estar en la orilla, pero no dejes que tus emociones, delirando de agotamiento, te engañen.  Porque sabes que no estás en la orilla, que has recorrido muchas millas y lo has hecho con éxito, que has sabido vencer y luchar contra vientos y mareas, que tu fuerza y tu perseverancia te han hecho vencer una y mil veces a todos los piratas que han intentado abordar tu embarcación.  Y como lo sabes y ya lo has vivido, sólo debes darte un respiro y resistir este nuevo envite.

No fuerces la máquina, déjate mecer por el viento, descansa, distrae tu mente, para motores, necesitan un descanso para volver a ponerse en marcha.

No pasa nada, necesitas un stop y reponer fuerzas, tu cuerpo y tu mente necesitan un respiro y debes dárselo, recuerda que sólo es temporal y que debes resistir pero ¡nunca rendirte!

Son momentos duros, muy duros que duelen y te atraviesan el alma, pero también sabes que es pasajero y que nunca nada ni nadie ha podido derrotarte.

Sé cómo te sientes pero también sé que el mundo de muchas personas  se apagaría si tú no estás en él.

¡Resiste! En estos momentos es lo único que te pido que hagas.


Esther de Paz

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lunes, 28 de septiembre de 2015

Y la vida pasa....







Pasan los segundos, pasan los minutos, las horas, los días, pasan los años, pasa la vida….

Implacable reloj proporcionalmente inverso a la consciencia y directamente proporcional a nuestra inconsciencia.

¡Cuánto tiempo perdido!

Malgastado en quejas, lamentos, frustraciones que no tienen sentido, enfados, momentos de cólera, tiempo empleado en tantas cosas que restan.
Oportunidades, personas disipadas en el camino que nunca debieron quedarse atrás. 
Otras como compañía tóxica que tiñe de gris tus días.
Responsabilidades mal entendidas, obligaciones impuestas por elementos ajenos que intentan controlar tu vida sin ni siquiera haberse probado tus zapatos.
Ausencia de honestidad, incoherencia, reglas sociales, religión como elemento de manipulación, educación basada en tabúes, imposiciones, injusticias, incongruencia y normas rígidas que no tienen fundamento.
Estatus, lujo, ansias de poder a cualquier precio.
Hipocresía y demagogia como recursos en una carrera dónde todo vale, aunque a tu paso lo único que dejes es un territorio devastado y sin posibilidad de volver a regenerarse…   

Y como contrapunto cientos de miles de horas de experiencia.

Y llega el día en el que inevitablemente te paras, observas y con consciencia, miras atrás, miras adelante, miras dónde estás y haces balance con resultado de ¡quiero volver a empezar!

Pero el tiempo no ceja en su despiadado avance y la omnipotente tecnología todavía no ha descubierto la marcha atrás. 

Sólo hay una opción, seguir adelante, pero cada vez estás más cerca del final del camino...

Y en ese instante miles de preguntas se agolpan en tu cabeza:

Cuántas veces te has quejado y menospreciado cosas añoradas cuando ya las has perdido.

Cuántas veces has elegido enfadarte cuando era posible reconducir la elección porque no era tan grave el motivo.

Cuántas veces has puesto en el primer orden de importancia aquello que estaba en las últimas posiciones.

Cuántas veces has creído que tus obligaciones estaban por encima de tu felicidad, cuando podían ser compatibles.

Cuántas veces has juzgado gratuitamente cuando no practicabas la empatía.

Cuántas veces te has justificado a ti mismo sabiendo que no eran correctas tus acciones.

Cuántas cosas te has perdido bajo el yugo de modelos sin sentido.

Cuántas veces has confundido responsabilidad con vida sin ilusiones.

Cuántas veces tus ansias de poder han transgredido los límites de lo permitido.

Cuántas veces te has justificado a ti mismo para poder dormir, a sabiendas de que el insomnio era más que merecido.

Cuántas veces has cambiado instantes de felicidad, por cargas acumuladas en tu mochila que no has sabido tramitar.

Cuántas veces has elegido limpiar la casa/hacer horas extras en la oficina, en lugar de ir de cena con tu pareja.

Cuántas veces has elegido odiar cuando sólo te hacías daño a ti mismo.

Cuántas veces la envidia te ha corroído cuando la elección era admiración, respeto y ejemplo.

Cuántas veces has optado por la venganza en lugar de la indiferencia.

Cuántas veces te has quedado inmóvil donde no eras feliz porque miedo y  riesgo anularon a  coraje, decisión, valentía y sueños.

Cuántas veces has lamentado tu suerte sin dar un solo paso por salir a su encuentro.

Cuántas veces  te has situado como última prioridad cuando cambiando las posiciones tu felicidad era la consecuencia.

¡Cuántas veces tantas cosas!

¡Cuántas veces tanto tiempo!

En contraposición…

Cuántas veces has comprendido que eres más afortunado que la mayoría.

Cuántas veces has sido feliz después de hacer lo correcto.

Cuántas veces te has sentido satisfecho por tu buen trabajo  aun en circunstancias desfavorables.

Cuántas veces has dormido como un niño tras elegir ser valiente, vencer los miedos y correr riesgos desechando la autojustificación.

Cuántas veces te has emocionado contemplando una puesta de sol regalándote ese momento.

Cuántas veces has elegido lo que realmente merece la pena y te hace feliz.

Todas estas y muchas otras preguntas se agolpan en tu cabeza cuando parado y consciente, haces tu propio balance.

Eres un resultado de sumas y restas.

Y justo ahí, en ese momento de plena consciencia, te das cuenta de lo que realmente importa y da sentido a tu vida.

Párate amigo mío, párate ahora si no lo has hecho ya y  mira...

Ha llegado el momento de tu pausa, de tu balance, ¡hazlo ya!, detente, no sigas caminando en la inconsciencia, no elijas obviar la evidencia.

Cierra los ojos, concéntrate, relájate y piensa….

Cuántas cosas te has perdido que desearías recuperar.

Cuantos instantes de felicidad has dejado pasar creyendo que volverían.

Cuantas oportunidades ignoradas por miedo al fracaso.

Cuánto tiempo desperdiciado en vano ¡que ya no retornará!

Ahora, a solas contigo mismo,  es el momento de las sumas y las restas, el momento de realizar con sinceridad el resultado de tu balance.

Se plenamente consciente de cuánto has aprendido, de lo mucho que tienes y VALORA todo lo bueno que hay en ti.

Es tiempo de cambiar el paso.

Tú decides cómo quieres recorrer el resto del camino…. 
Si perdiéndote la vida o invirtiendo cada minuto en ser feliz.  


Esther de Paz

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lunes, 6 de julio de 2015

Cuando me hacen daño…



personas, momentos, sensaciones, emociones


Cuando me hacen daño, tiemblo, me doblo, acuso el golpe y hasta lloro, a veces de impotencia,  a veces de rabia conmigo misma, a veces de desilusión, a veces de decepción, a veces de tristeza, a veces de frustración, a veces de cansancio, otras de emoción, a veces me duele tanto…. que no puedo ni llorar.

Mis ojos se apagan, pierden la vida, mi sonrisa hace absentismo y mi capacidad de control se pone en huelga. Paso lista y no hay nadie salvo yo misma en lo más hondo de un abismo del que parece que no hay retorno… siento dolor, un dolor intenso, duro e insoportable que pido a gritos que me alivien, es tan profundo y duro soportarlo que me siento morir, es el dolor del alma, quizá el más duro de todos los que existen y para el que no existe medicina ni remedio que lo logre calmar…

Sí, se cómo te sientes, se cómo te sientes cuando presumen tolerancia y  te devuelven intolerancia, cuando presumen transparencia y te devuelven confusión, cuando presumen de dar oportunidades a la vida, a las personas, a las relaciones y cierran la puerta en tus narices, cuando presumen de corrección y respeto y ni siquiera practican las más mínimas normas de cortesía y educación, cuando confunden bueno con tonto, cuando confías y te traicionan, cuando brillas e intentan apagar tu luz, cuando necesitas amor, comprensión, cariño… y…. no hay nadie….

Y te preguntas ¿por qué?

Y cómo no puedes dejar de creer en las personas, porque te niegas a hacerlo, porque no crees en un mundo de corazones de hielo… porque cuando les tienes enfrente puedes sentir su corazón, un corazón que ansía amor, comprensión, cariño, tolerancia, empatía, que lleva una coraza para sentirse fuerte y a salvo,  pero que está débil y triste porque no es feliz sólo subsiste porque no está a pleno rendimiento, en su máximo potencial, ese estado que es dónde realmente quiere estar y dónde no necesita corazas protectoras para sentirse fuerte porque lo es... sólo encuentras una explicación... ¡miedo! ¡terror!

Esos corazones están llenos de cicatrices, heridas que en su momento los hicieron sangrar y los destrozaron, experiencias que han dejado una huella dolorosa y que no desean volver a repetir, incomprensión, traiciones, errores, desamor, desilusión, tristeza, dolor en una palabra…

Pero tú no puedes permitirte ser así y seguir su ejemplo atrincherándote en el terror y abriendo fuego hacia cualquiera que intente acercarse a ti.

¿Sabes?, yo también tengo miedo, mucho miedo, a veces hasta pánico, pero no puedes dejar que tus miedos sean más grandes que tus sueños, no puedes dejar que tu mochila te doble, no permitas que esa carga sea tan fuerte que te aplaste.

Todos la tenemos, es inevitable, está ahí y viaja contigo a tu espalda.

Es posible que tu mochila acumule experiencias que acabaron en cicatrices. Sí amigo mío, sé lo que piensas porque la mía no es diferente, pero no puedes poner un cierre hermético porque entonces no tendrás oportunidad de enriquecerla, de llenarla de nuevas experiencias que traigan felicidad a tu vida y liberen tu corazón. 

Experiencias, personas, momentos, sensaciones, emociones que te hagan volver a vivir, ¡a VIVIR de verdad!

Empéñate en aliviar esa carga incorporando vivencias que aligeren su peso, que sumen, que aporten, que te traigan nuevas ilusiones, nuevos sueños y miles de razones para continuar y sonreír.

Sonríe, se valiente, se fuerte pero también frágil y flexible, tolera, perdona, olvida y sigue tu camino, no intentes hacer daño y aun menos por despecho, no intentes odiar, créeme, no vale la pena, el daño sólo te lo harás a ti mismo y te impedirá ser feliz.

Llora cuando tengas que llorar y dóblate de dolor si es preciso, acusa el golpe, pero ¡aguanta!. Desahógate sin miedo, es lícito, bueno, necesario y te hará más fuerte. Tómate tu tiempo…

Pon límites, mantente firme, lidera tu vida y sobre todo y por encima de todo, sé coherente. Porque la incoherencia es el mayor motivo de descrédito hacia uno mismo.

Y hazte una sesión de “ysis”:

¿Y si  resulta que los malos momentos me fortalecen?

¿Y si llorando me estoy queriendo?

¿Y si enfrentando mis miedos ellos salen huyendo?

¿Y si no abandono mis sueños  y los alcanzo porque me están esperando?

¿Y si siendo fiel a mis principios me siento grande?

¿Y si ayudando a los demás conjugo el verbo reconfortar en primera, segunda y tercera persona del singular y del plural?

¿Y si sonriendo ilumino el mundo?

¿Y si siendo valiente alcanzo metas insospechadas?

¿Y si dando recibo tanto?

¿Y si escuchando consigo que alguien se sienta importante?

¿Y si comprendiendo provoco comprensión?

¿Y si perdonando provoco amor?

¿Y si amando recibo amor?

¿Y si no me rindo y triunfo?

¿Y si creo en las personas, aunque a veces me defrauden, porque eso me hace sentir bien?

¿Y si siendo honesto mi ejemplo se viraliza?

¿Y si con mi emoción emociono?

¿Y si todos estos “ysis” merecen la pena porque mi integridad y amor hacia mí mismo no han sido traicionados?


Reflexiona sobre cada uno de ellos amigo mío, reflexiona, porque si lo haces te darás cuenta de que… 

Cuando las cosas se hacen bien, sólo pueden salir bien.



Esther de Paz

lunes, 8 de junio de 2015

Sensaciones... Elijo ¡VIVIR!






Antes de comenzar nuestra charla es preciso que hagas algo, es importante. 

Párate dónde estés, respira profundo y lento, abstráete de lo que tengas alrededor.  Este momento es tuyo y te pertenece, regálatelo. 

Cierra los ojos, transpórtate por unos minutos a otra dimensión y cuando estés preparado…. Siente… y acompáñame con el alma… 


Sensaciones…… son esas cosas que nos recorren la piel y la alteran de forma insospechada…

Emociones…. esas cosas que nos encojen y hacen temblar el alma...

Momentos…. son esas cosas hechas de instantes que ocurren cada día pero nunca son iguales…

Vida… es eso que es único y no se repite, pasa y no vuelve, sucede y se siente, se palpa, se mastica, se degusta y también te amarga, te enseña y a veces te engaña. Te envuelve y te abriga, te castiga y te premia  y a su vera y paradójicamente en su seno caminamos deambulando creyéndonos sabios siendo niños, grandes siendo pequeños, fuertes siendo frágiles, enteros estando a trozos, inocentes y culpables  siendo culpables e inocentes, expertos siendo ingenuos y listos siendo sabios…

Así se pasa y cada paso es una letra, cada letra un sentido y cada sentido una incógnita, una prueba, una experiencia, una aventura, una emoción, una enseñanza…. 
Cada enseñanza una huella, cada huella un destino y cada destino una esperanza… de ser mejor, más maduro, más humano, más feliz, más fuerte, más sabio…

Desconocemos el secreto del desmedido poder que tienen las emociones,  ¿por qué nos morimos por sentir y sentimos para estar vivos? ¿No es una paradoja?

Quizás lo sea, pero alcanzado este punto nada es importante salvo seguir sintiendo, navegar, nadar y bucear en y con nuestras emociones. 

Sentirnos plenos, llenos y felices dejando que la corriente nos acune en un viaje sin fin jugando con los vientos, utilizando nuestra sabiduría como experto capitán que maneja las velas y el timón en busca del puerto.

Cada día suceden cosas a nuestro alrededor, aparecen y desaparecen personas, cada día es una aventura, cada aventura una experiencia y cada experiencia una vida, por ello… elijo ¡VIVIR! 

VIVIR CON MAYUSCULAS, a pesar de lo menos bueno, a pesar de las tristezas, a pesar de las tensiones, a pesar de los golpes, a pesar de los llantos, a pesar de las decepciones, a pesar de las normas, a pesar de las personas que nos hacen daño, a pesar de las incertidumbres, a pesar de las angustias, a pesar de equivocarme...

A a pesar de todo ¡elijo VIVIR!

Magia son esas cosas que pasan y no se explican, que te sorprenden, que surgen sin provocarlas y … desde ese instante sabes que ya nada será igual…

Complicidad,  risas, pasiones compartidas, mentes despiertas y ávidas de saber, atracción, sintonía, perfecta armonía, emocionantes conversaciones y momentos que se exprimen hasta lo insólito.

Sensaciones... 

Momentos...

Vida...

Magia... 

Ingredientes indispensables y en tus manos. 

Aparecen de la nada y sucede, impacto certero y preciso en el punto de la emoción, chispazo, escalofrío y certeza absoluta de que habrá un antes y un después de ese momento….

Elige, tú eres el protagonista. 

Pero de nuevo te pido que te pares, respires y sientas…

Siente no dejes de sentir, siéntelo todo, aun lo malo, cierra los ojos y siente, estremécete, disfruta sintiendo, tiembla, aunque en ocasiones duela, vive con intensidad cada minuto y recréate disfrutándolo…

Vida es eso que te emociona y sientes. 
Vida es eso que se acaba, tiene fin y se zanja. 
Puedes llegar al final entero y triste, o sonriendo feliz 
lleno de remiendos en el alma.

Querido amigo, ¿comprendes ahora porqué te pido que te pares y me acompañes con el alma?

¡Este es el momento! Ese, en el que debes decidir quién es el protagonista de tu vida.

Ahora, ahí parado, de nuevo respira profundo y lento, abstráete, cierra los ojos, haz una profunda reflexión y Siente…,  y cuando estés preparado decide.... 

Si eres TÚ o vas a cederle el papel a otros ....




Esther de Paz