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lunes, 20 de julio de 2015

Otra vez lunes... ¡Perfecto!






Por norma general los lunes son días que no gozan de muy buena fama. Existe una leyenda negra que los envuelve y nunca nos hemos parado a pensar si es cierta, si tiene fundamento o de lo contrario llevamos años convencidos, arrastrados y confundidos por algo sobre lo que ni si quiera hemos hecho una pequeña reflexión.

¿Y si resulta que estamos equivocados?

¿Y si durante años llevamos arrastrando un tremendo error?

Vamos a pensar…..

Sumido en un profundo y apacible sueño oyes un sonido que te alerta, el temible despertador, se acabó el descanso, hora de levantarse y ponerse en marcha.

- Uffff que pereza, ¡encima lunes! Odio los lunes, ¡¡no puedo con ellos!!

Y así, sin darte cuenta y casi sin abrir los ojos,  comienzas a enviar mensajes negativos a tu cerebro.

Tus neuronas se ponen en guardia y sacan toda la artillería porque el mensaje que les llega es nefasto.  

Empiezas a visualizar la situación y continúas negativizando.

- ¡Lunes! Se me va a hacer eterno, no quiero que sea lunes, ¿por qué no es viernes?, me encantan los viernes, me levanto feliz y con energía, ¡sonriente!, pero los lunes……. ¡Es que no puedo con mi vida!

Y poco a poco entras en una espiral de la que ya no sabes salir porque todo, absolutamente todo está en manos del cerebro,  los pensamientos negativos producen señales nocivas para el cuerpo, las neuronas se van comunicando entre ellas, transmiten el mensaje a los músculos y sientes que no te responden.

Estás sumido en una profunda falta de interés, de motivación de ilusión. No sonríes. No tienes fuerzas y aunque la ducha te estimula, no es suficiente porque tu cerebro tiene el poder y lo curioso es que ese poder se lo has dado tú.

Sigamos pensando…..

Retrocedemos al punto de partida.

Suena el despertador y, aunque es cierto que cuesta salir de ese agradable estado de confort y descanso, tu mente se activa incluso sin abrir los ojos, tus neuronas ya están desperezadas, preparadas para recibir mensajes y comunicarse con el resto del cuerpo, entonces ¡es el momento!

Es el momento de ver que cada lunes se abre un mundo entero de posibilidades, es el momento de valorar las oportunidades que comienzan con él. 

Piensa en tu trabajo, sí, en todos esos “marrones” que tienes, en cómo vas a abordarlos y en que cada uno de ellos es un oportunidad de logro, de superación, de satisfacción personal, de motivación.

Piensa en todos los que ya has superado, cómo te sentías ante ellos, cómo los abordaste y cómo se convirtieron en resultados.

Son unos cuantos ¿verdad?

Te sientes orgulloso al recordarlos ¿no es cierto?

De repente estás sonriendo aún sin abrir los ojos. Parece que el despertador ya no es un vecino insoportable, sino un amigo que te llama a la acción, que te recuerda que el día te espera con ansia porque te necesita. Necesita tu presencia, firme, segura, potente, esa figura de alguien que se valora, que sabe que aún en las peores circunstancias ha sabido manejarse en la tormenta, esa persona que aún yendo a territorio hostil sabe que es un profesional, que no le importa lo difícil que sea el día, frustrante a veces, pero como inteligente que es, sabe que no siempre las cosas salen bien, que no siempre todo es bonito y fácil, porque si lo fuera …. no tendría valor, no tendría mérito y además lo haría cualquiera.

Sí, amigo, sé que las cosas no son fáciles, nada de lo que merece la pena lo es.

Sé que en muchas empresas no existen las personas (leer más) sé que es posible que no valoren tu talento, sé que hay ocasiones en que intentan hundirte, que te ponen a prueba, que te topas con muros que parecen insalvables, que te cansas, que te agotas, que te dan ganas de tirar la toalla, que lo que ves a tu alrededor son vendedores de humo que insultan tu inteligencia, que no  cuentan contigo, que intentan apartarte con argumentos vacíos, que ves progresar a quien no tiene más mérito que el de la mediocridad. 

Quizás tu empresa sea de esas que difunde a los cuatro vientos ¡el principal activo de una empresa son las personas! pero de puertas a dentro la realidad es otra, y ves, vives cada día como las personas no cuentan, como esa filosofía es menos que papel mojado, porque te presionan sin límites, te coaccionan para que alargues tu jornada de forma gratuita, porque no les importa cómo te sientes, tus problemas, tu ingeniería financiera para llegar a final de mes, tus emociones, tu vida, tus responsabilidades y obligaciones fuera de la empresa. Te exprimen bajo ese arrojo y valentía basado en la política del miedo,  porque hay demasiada gente buscando empleo. 

Y cómo lo lunes no gozan de buena fama te has acostumbrado a pensar todo eso.

Error de base, costumbre mal adquirida por dejarte llevar por la leyenda. ¿Te das cuenta de la confusión?

¿No te ves? Ahí estás tú, a pesar de todo, demostrando cada día tu talento, tus logros, tu iniciativa, tu tesón, ¡tus resultados!

Dime, ¿alguien puede quitártelos?

¡No! no pueden porque son hechos, resultados que están ahí, demostrables, visibles y tangibles. Y eso lo has hecho TÚ.

Porque un profesional lo es y lo demuestra. Y tú lo eres porque está en tu ADN, porque tus neuronas se activan con ello, se sienten tan bien que quieren más y cuando acaba el día saben que han estado perfectamente dirigidas.

Los lunes son esos días dónde comienzas un nuevo periodo de oportunidades, de sorpresas, de enseñanzas, de mejora, de conquista de nuevas metas, otros 5 días por delante para gestionar y demostrar tus capacidades.

¿A quién? ¡¡A ti mismo!! ¿Te parece poco? 

Porque cuando eres capaz de demostrarte eso a ti mismo ya tienes ganado el respeto y la admiración de los demás.

Es fantástico contarle todo eso a tus neuronas, hacerlas saltar, que suelten chispas, que comuniquen energía a tus músculos, que activen tu cerebro, que todas su emociones se potencien y recorran tu cuerpo. Ese que ya está en la ducha, sonriendo y deseando salir a la calle ¡a comerse el mundo!

Vamos, ¿te vas a perder un solo minuto de satisfacción personal?

¡Ni de broma!

Te has ganado el respeto del mundo y por eso cada lunes decides cómo quieres comenzar.

Bajo el chorro de agua te sientes fuerte, sonríes y piensas…. 

Otra vez lunes, ¡Perfecto!



Y si alguna vez tienes dudas, por favor, vuelve a leer este post.  


Esther de Paz

lunes, 4 de mayo de 2015

Y yo... ¿Qué celebro?




Y yo, ¿qué celebro? te preguntabas el día 1 de Mayo...

¿Por qué YO no tengo nada que celebrar?

Probablemente, ese día no fue el más feliz de tu vida, quizás no fue ni feliz. El no tener trabajo apagó tu sonrisa porque te sentías fuera de juego, no era tu liga, ni tu partido, ni siquiera estabas seleccionado para ocupar el banquillo y te preguntaste ¿por qué? ¿Por qué yo no puedo jugar en esta selección?

Recordaste tus días felices, cuando eras titular, te sentías uno más y lo celebrabas disfrutando del descanso.
Recordaste aquel tiempo en que madrugabas cada día y te dejabas la piel en cada partido para traer un sueldo a casa.

Y también tu memoria evocó aquél día…. aquel nefasto día en que te dieron la noticia, te arrojaron del equipo, cual escoria,  y todo tu mundo se derrumbó. 
El día en que no sabías cómo volver a casa y contar lo sucedido. Cuando tu horizonte se tornó negro como el carbón y no encontrabas objeto ni razón para entender cómo y qué había ocurrido.

Te sentiste humillado, defraudado, acabado, derrotado, exhausto, te avergonzabas de ti mismo, sentías que no valías nada, te volviste pequeño y vulnerable, perdido, sin rumbo, sin brújula y sin horizonte y, lo peor, no deseabas seguir porque en ese instante tu vida dejó de tener sentido.
Cuchillos con nombre propio (hipoteca, hijos, familia, comer, vivir, disfrutar) se clavaban en tu cabeza y en tu corazón hasta desangrarte.

¡Bloqueo, pánico, frustración total!

Bien, amigo mío, hasta ahí todo normal, lógico y permitido, tu situación actual no es la que quieres y a veces el entorno y la memoria te traen recuerdos que preferirías convertir en malas pesadillas.

No obstante espero que ese mal momento fuese fugaz y enseguida tu memoria continuara adelante recordándote como aquello ha quedado atrás, como acusaste el golpe y aún doblado y sin aliento te pusiste en pie, comenzaste a caminar y a buscar otro equipo. Como has enfrentado la situación y como cada día entrenas, sudas la camiseta,  te esfuerzas, luchas y te dejas la piel en trabajar por lo que quieres.

¡Sí! he dicho “trabajar” porque lo que tú tienes ahora es un trabajo, un trabajo en ti mismo, un nuevo trabajo dónde cada día, cuando suena el despertador, decides no quedarte en la cama lamentando tu mala suerte.

Donde lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, te cuesta, pero te levantas con una ilusión y objetivos a cumplir. 

Donde, a pesar de no tener empleo, tu actividad te hace sentirte orgulloso y verte grande, con valor y sin miedo.

Donde cada día estás más cerca de tu meta, porque trabajas en ello con tesón, ilusión y esfuerzo.

Donde día a día obtienes resultados transformados en conocimiento, experiencia, contactos, relaciones y desarrollo de capacidades, algunas que, hasta ahora, ni siquiera tú mismo conocías.

Te estás descubriendo a ti mismo, reinventando y cada día ¡te sorprendes!

¿No te parece fantástico?

Quizás sea cierto que las cosas no pasan por casualidad, quizás necesitabas un crack en tu vida para ser consciente de lo que realmente  vales y eres capaz.

Por eso amigo mío, espero que el día del trabajo te haya servido para recordar lo grande que eres, reconocer tus méritos e insuflarte todavía más ánimo y tesón para seguir adelante trabajando en ti mismo, en tu marca personal, en tus capacidades, en tu talento.

Haciéndote visible, generando sinergias, aportando lo que sabes para que otros aprendan, aprendiendo a su vez de compartir, de dar y recibir, engrandeciendo tu desarrollo personal y profesional, porque tú ¡tienes trabajo! el trabajo más importante, crítico, difícil y esencial que puede tener una persona, trabajar en ti, por ti y para ti y mostrar al mundo el resultado.

Considera esta etapa como un trampolín y úsalo para impulsarte, no cejes en el empeño, la dificultad es una oportunidad que te tiende la mano, aférrate a ella y ¡muéstrale al mundo cómo lo haces!

Querido amigo, sólo quiero decirte una cosa, tienes mi más profundo respeto y ¡toda mi admiración!

Muy pronto, cuando tu memoria vuelva a evocar aquel día, aquel nefasto día, sonreirás pensando….  

¡Ese día comenzó mi verdadera historia!

Y ahora responde…. 

¿Todavía crees que no tienes nada que celebrar?



Esther de Paz