martes, 8 de marzo de 2016

Cuando decides quererte






Querido amigo, ¿notas el aroma del café? Es especial, porque en nuestra charla de hoy quiero que hablemos de algo también muy especial...

Quererse a uno mismo

Estoy segura de que estás más que agobiado de oír:
“tienes que quererte” 
“quiérete” 
“si tú no lo haces nadie lo hará por ti”

Y a ti eso te suena a chino, ¿quererme? ¿Cómo se hace eso? Todo el mundo te lo dice pero nadie lo explica, ni siquiera Google tiene la respuesta.

La vida nos pone a prueba cada día, de esto ya hemos hablado en numerosas ocasiones, y estas pruebas no suelen ser fáciles ni sencillas, sino que van minando nuestra energía y asesinando nuestra ilusión. Son cargas, retos, desafíos, batallas que nos toca vivir y no podemos eludirlas, vivimos en una vorágine que nos arrastra, que nos empuja, que no nos da un respiro para parar a tomar aire y reponer fuerzas, el mundo no se para cuando nosotros necesitamos que lo haga, esto es así de real y así de duro.

Las obligaciones crecen como setas en el bosque y nos desbordan, pero no podemos dejar de atenderlas, tenemos que estar en todo y a todo porque si no nuestro mundo se desmoronaría como un castillo de naipes.
Nosotros somos esa base firme que sujeta nuestro mundo, le permite crecer y ser espectacular.

Pero…. ¿Cuántas veces has deseado salir corriendo?, ¿Cuántas veces has sentido que ese peso te está aplastando?, ¿Cuántas veces has querido rendirte?, ¿Cuántas veces tu tristeza es tan profunda que no ves luz al final del camino y sólo te planteas abandonar?

Por otra parte, cada día te llegan mensajes de que los sueños están ahí, que hay que perseguirlos, que sólo depende de ti el alcanzarlos, que debes soñar en GRANDE, que sólo si sueñas lo imposible serás capaz de conseguirlo… y así día tras día cuando tu agotamiento está ya al límite y sientes que ya no quieres ni soñar porque no te quedan fuerzas….

Ese agujero en el que te has hundido es tan profundo, que eres incapaz de ni siquiera intentar salir de él porque se ha convertido en una misión imposible.

Sabes que estás sólo, agotado, exhausto, te has pasado la vida  intentando demostrar lo fuerte que eres, te has exigido la perfección y te has desgastado en pensar, en ayudar, en querer, en apoyar, en dar, en valorar y empatizar  con todos menos contigo mismo.

Y…. la vida…. Que no es como a ti te gustaría que fuera, te pasa una factura para la que ya no tienes ni un centavo para poder pagar.

Durante todo este camino recorrido no has pensado en ti en ningún momento, o mejor dicho, sí lo has hecho pero para “machacarte” para acusarte de no poder abarcar más, de que te fallen las fuerzas, de no ser perfecto. No has parado de culpabilizarte, de juzgarte uno y otro día incriminándote como fiscal despiadado que te sienta el banquillo de los acusados y te señala con el dedo amenazador e implacable.

Entre tanto, escuchas por todas partes eso de que "no te quieres", que "tienes que quererte" y te preguntas… ¿cómo se hace eso?

Y entre tanta confusión y agotamiento pones todas tus expectativas en los demás,  esperas que te arropen, que te comprendan, que te echen  una mano para salir de ese socavón cada día más oscuro, más profundo. Esperas comprensión, cariño, apoyo, ayuda… pero no se te ocurre mirar con amor dentro de ti.

¿Qué como se hace eso de quererse a uno mismo?

Te lo explicaré

Quererse a uno mismo significa tomar la decisión de que tú eres lo más importante para ti.

Significa saber que el verdadero baluarte de tu vida eres tú, los demás están para complementarte pero la base eres tú, nadie más, y a partir de ahí es como se construye.

Quererse es levantarse una mañana y tomar la firme decisión de que a partir de ahora no le cederás a nadie las riendas de tu vida, tú eres el capitán y tú marcarás el rumbo.

Quererse es aceptar que el mundo no es perfecto y tú menos que nadie.

Quererse es saber, que aun cuando las cosas no van bien, la marea trae algo nuevo cada día y te sorprende.

Quererse es valorarte a ti mismo sin depender de que nadie lo haga, porque tú conoces perfectamente tus fortalezas, y ya nunca más vas a dejar que ellas dependan de la opinión de los demás.

Quererse es aceptarte y estar orgulloso de ti mismo.

Quererse es poner límites y saber decir NO.

Quererse es decidir que si alguien no te quiere tú no eres menos por ello, ni te vas a dejar hundir porque tú vales mucho más que eso.

Quererse es ser natural, mostrarte como eres, sin miedo a no gustar a todo el mundo, porque tú eres así y así es como deben aceptarte, al completo, sin peros, sin dudas, sin fisuras, porque sabes que en tu balanza personal pesa mucho más lo bueno que lo malo, porque tus virtudes superan a tus defectos, porque eres humano e imperfecto y porque también así es como sabes querer tú.

Quererse es controlar tu mente, desoír los malos pensamientos, no entrar en bucle, meditar para tener ese control, ser consciente del momento presente, sentirlo y vivirlo, no estar en el pasado ni en el futuro, sino en el AHORA, en cada momento, tú tienes que controlar tu mente, ella no puede tener ese control, ya conoces los resultados.

Quererse es poner el poder en ti mismo y quitárselo a los demás a quién se lo habías otorgado hasta ahora.

Quererse es felicitarte por todo lo bueno que has hecho y ser magnánimo con lo menos bueno, con tus defectos, con tus fallos, con tus errores, reconocerlos e intentar mejorar, aprender de ellos pero sin destruirte a ti mismo por no ser Superman o Superwoman.

Quererse es ser selectivo y quedarte con lo que realmente suma en tu vida, si algo resta…. fuera sin la más mínima duda, no te conviene, no hay sitio para ello, deja espacio para lo que te aporta, te hace crecer, te hace feliz y alimenta tu alma.

Quererse es mimarte, guardar tiempo para ti, disfrutarlo, concederte permisos, premiarte, mirarte al espejo y sentir que lo que ves es muy grande aún en los peores momentos cuando te fallan las fuerzas.

Pero ¡cuidado! amigo mío, no te confundas, quererse no es volverse egoísta y mirarse el ombligo pasando por encima de cualquier cosa a cualquier precio.

Parte de tu grandeza reside precisamente en tu bondad, tu empatía, tu resiliencia, tu capacidad de apoyo cuando te necesitan, tu energía para contagiarla, tu ilusión y tu generosidad.

Nunca pierdas eso, pero tampoco nunca dejes de quererte, porque cuando te quieres, cuando decides hacerlo, de repente todo cambia y aunque el sol no brille radiante en el cielo cada día,  sí lo hace en tu corazón.

Si te quieres, si por fin decides quererte… de repente, sin saber cómo, el mundo se transforma, la sonrisa ilumina tu rostro y tu vida irradia color e ilusión.

Quererse es simplemente ser consciente de tu fortaleza, de quien eres, de lo que vales, de tus fallos, de tu imperfección, de tus errores, valorarte y perdonarte y sobre todo ser consciente de que el poder lo tienes tú.


Esther de Paz


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jueves, 25 de febrero de 2016

Quiero hacerte partícipe








¡Hola!


Este año he inscrito  GESTIONA TU EXITO   en los Premios 20Blogs

Estamos en periodo de votación  (hasta el 2 de marzo) y me gustaría contar con tu participación.

Si te gusta GESTIONA TU ÉXITO, y quieres darle tu voto, puedes hacerlo en el siguiente enlace:



Para ello es requisito indispensable que estés registrado en “20 minutos”



Recuerda:

Sólo si te gusta y crees el voto es merecido


Con tu voto o sin él ¡Muchas gracias!


Es un placer escribir y saber que me lees.



¡Feliz semana!




Esther de Paz


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lunes, 15 de febrero de 2016

Necesito tu comprensión, no tus consejos…






Llevamos ya unos cuantos años sufriendo una crisis que a todos, en mayor o menor medida, nos ha impactado de lleno en nuestra zona de confort.

Es cierto que con algunas personas ha sido mucho más cruel que con otras, como también es cierto que, por desgracia, hoy y siempre, hay y ha habido gente que sufre más que nosotros, que vive en condiciones extremas, que pasa hambre, que vive los horrores de la guerra, que soporta abusos terribles que se quedan impunes y justificados en una cultura basada en principios que violan todos los derechos humanos, argumentados por una religión mal entendida, por unos derechos adquiridos carentes del menor sentido común, sólo por haber nacido hombre, en lugar de mujer en una sociedad machista y fuera de toda lógica.  
        
Es cierto que la injusticia existe en el mundo y a unos niveles desorbitados, es cierto que los abusos de poder basados en los intereses económicos están a la vuelta de la esquina en numerosos sectores, es cierto que vemos todos los días muy cerca personas en situaciones mucho peores que las nuestras...

Es cierto que la vida no es justa, fácil, ni perfecta.

Sí, todo eso es cierto, injusto y terrible, pero lo que también es cierto es que cada uno de nosotros tenemos una vida, la nuestra, con nuestras circunstancias, nuestros propios problemas, nuestras heridas, nuestras propias guerras en las que no nos queda más remedio que luchar cada día.

Guerras en las que nos hieren, guerras que se nos van de las manos,  guerras para las que no tenemos armas, guerras para las que no hay manual sino que lo vamos escribiendo día a día con la sangre de cada herida, de cada derrota, de cada paso adelante conseguido a base de prueba y error, guerras que nos agotan hasta la extenuación, guerras que nos dejan sin aliento, guerras que no queremos luchar, guerras que no buscamos, guerras en las que, por momentos, morimos aún con los ojos abiertos...

Y  llega un día en que ya no podemos más y sentimos que preferimos morir en el campo de batalla a seguir luchando…

Desgraciadamente hay mucha, demasiada gente así muy cerca de nosotros.

Es fácil juzgar desde fuera cualquier situación, es fácil criticar y denostar a personas que están pasando una realidad de profunda tristeza, desconsuelo y desolación.
Es muy fácil decir, “sin estar en sus zapatos”, no tienes derecho a quejarte, no puedes estar así, tienes que valorar todo lo que tienes y ser feliz.

A veces, no es cuestión de no valorar lo que se tiene, no es cuestión de no querer ser feliz, la cuestión está en que todos tenemos un límite, nuestra capacidad no es infinita, ni siempre está al máximo potencial. 

Cada batalla nos debilita, cada herida deja una marca, cada intento de éxito sin resultados va minando nuestra energía y todo pasa factura hasta que las reservas se agotan y sientes que ya no puedes más y no quieres seguir...


¿Sabes?, no hace mucho leía: “Depresión nombre de mi vida”, un post de Ismael Dorado, gran profesional de la psicología, de quien aprendo con cada uno de sus escritos. Y de éste subrayo especialmente esta reflexión:

“Que solidarios somos a veces con las personas que sufren en lejanos países y que distantes con los que sufren a pocos suspiros de nosotros. Muchas veces no hay que hacer nada más que escuchar, agarrar su mano y dejarles sentir que no están solos.”

Cuan profundas y ciertas son esas palabras…

Cuando alguien se encuentra extenuado, sin fuerzas, sin ánimo, sin ilusión, cuando la tristeza se ha apoderado de su corazón, cuando ya no puede más y no encuentra consuelo…. Cuando lucha por salir de ahí pero el avance es tan lento que agota….Cuando para alguien la vida deja de tener sentido…. 

Quizás lo único que necesita es un poco de comprensión y un abrazo que no vislumbra por ningún sitio.

No tenemos derecho a juzgar, a atosigar recordando que no tiene porqué estar así y después salir corriendo por si nos “salpica”.

Te aseguro querido amigo que a nadie le gusta, ni elige por voluntad propia perder la alegría de vivir, así que, por favor, remángate los pantalones y baja hasta el barro, déjate de tópicos, frases hechas y manidos consejos, sólo haz saber tu presencia como roca sólida y fuerte donde apoyarse, y sé ese remanso de vida dónde esa persona pueda descansar, se sienta arropada, comprendida y poco a poco pueda recuperar su fuerza y volver a sonreír.

Sólo dale la mano, camina a su lado y hazle saber que no está sola.

Si de verdad te preocupa la injusticia y la solidaridad en el mundo, comienza por cambiar lo que está en tu mano, quizás algún día también tú necesites que te abracen, te comprendan y te acompañen.


 Esther de Paz
  

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lunes, 1 de febrero de 2016

Bailando con la vida…



























La vida no es fácil, todos lo sabemos, te pone a prueba constantemente, te reta, te mide, te desafía, te golpea, te desconcierta, te lleva hasta el límite y allí te deja observando a ver lo que haces….

No es sencillo seguir su ritmo sin perder el compás, baila contigo como un maestro y cuando te confías te da un pisotón, un toque de atención por si has olvidado que bailar con ella es un reto de superación diario. 

Cada día te enseña un nuevo paso, una nueva vuelta, un nuevo tirabuzón en el que a veces te enredas…, en ocasiones te lleva de la mano y la danza fluye sola, como si hubieras nacido bailando. Otras te suelta y el baile continúa únicamente contigo. No se para, sino que la música se acelera exigiendo tu máximo potencial para mantenerte en pie sin dar un traspiés, aguantando el tipo aún a ritmo de acordes que jamás oyeron tus tímpanos. Y ahí estás, sólo en la pista de baile, el teatro lleno de espectadores que dependen de tu destreza para seguir el ritmo sin fallar ni desfallecer, tú lo sabes y no te permites dejar de bailar y como lo haces bien y no abandonas todavía te exigen más y más y cada vez más. Y el tiempo corre sin descanso, ese que estás pidiendo a gritos, pero no puedes parar porque el espectáculo se vendría abajo.

Los espectadores ya se han acostumbrado y dependen de ti, las fuerzas comienzan a fallarte, lanzas señales invitándoles a bailar contigo, eso te daría un respiro, pero nadie sube al escenario, es más fácil patalear o aplaudir siendo un espectador, no requiere esfuerzo, no supone responsabilidad ni desgaste, "otro" hace el trabajo.

Esas personas únicamente quieren que seas su apoyo, que el trabajo duro sea "otro" el que lo haga, que abras camino por ellos mientras son espectadores pasivos.

Abrir sendero en una selva supone fuerza, sudor, heridas, agotamiento, si lo hace un ajeno es más sencillo, así, cuando se llega la autopista está lista para circular, hasta se puede utilizar un vehículo sin ni siquiera hacer el esfuerzo de caminar…

Y así, un día tras otro, tus fuerzas se agotan, te sientes sólo, la música comienza a ser una tortura y tus pies poco a poco pierden el compás….

No entiendes porqué nadie ve que tú no eres perfecto, que también necesitas apoyos, compañeros de baile que te den la mano, que te tarareen la música cuando no te sabes la letra, que te la escriban incluso, en esas estrofas que desconoces y te desorientan, que, aunque eres fuerte, tus fuerzas no son inagotables porque eres humano, vulnerable e imperfecto.

La vida es un trabajo en equipo y hasta el líder más brillante necesita a su gente para triunfar.

Ser fuerte, ser valiente, atrevido, proactivo, generoso, luchador, hace que parezcas inagotable, el bailarín al que la naturaleza le ha regalado un “don” especial para improvisar en cualquier escenario y con cualquier melodía la danza perfecta, enseñando en cada paso de baile a su público cómo se debe bailar.

Querido amigo, no sé tú, pero yo en ocasiones me siento así y siento que me fallan las piernas… que se me ha acabado la capacidad de improvisar, la fuerza para seguir tirando de todo, la ilusión por ensayar piezas nuevas, por salir al escenario y bailar aún cuando ello ha sido siempre mi mayor motor.

No obstante pienso que si he puesto el corazón en todo lo que he hecho, si he sido fiel a mis principios y mis valores, si he dado todo por lo que creo y lo que quiero, si, a pesar de no tener un maestro en la mayoría de las ocasiones ni un tutorial para consultar, me he atrevido a entrar en la selva machete en mano y abrir camino dónde sólo había espesor, si mi esfuerzo y mi tesón han dado resultados, si he aprendido de mis errores, si mis puntos débiles hoy son un poquito más fuertes, si mis capacidades han servido para ayudar a alguien y hacerle sentir mejor, nada ha sido en vano, aún cuando el estado de agotamiento se empeña, con saña, en intentar convencerme de lo contrario…

Te decía que no es sencillo seguir el ritmo de la vida sin perder el compás, bailar con ella como un maestro y aguantar el pisotón cuando te confías, recordatorio de que bailar es un reto diario de superación.

No obstante también, he aprendido que debes poner un enorme cartel en la puerta de tu vida que diga:

“Reservado el derecho de admisión”

No bailes para cualquiera, no te desgastes en caminos que no llevan a ninguna parte, selecciona tus compañeros de viaje y no olvides que cada día es una nueva oportunidad de ejecutar un nuevo paso de baile pero no permitas que cualquiera tenga el privilegio de verte bailar.

Se selectivo con los espectadores, elige a aquel que esté dispuesto a ser de tu equipo sin restricciones, a aquel que te de sustento cuando te fallan las fuerzas, a aquel que te comprenda y te admire porque no eres perfecto, a aquel que se atreva a sujetar tu mano y compartir el peso del machete para abrir camino contigo, a aquel que te admire por tu fuerza pero que te insufle energía cuando no puedas más, a aquel que te quiera tal y como eres, fuerte, pero imperfecto, vulnerable y humano.

No te exijas, ni permitas que nadie lo haga si no está dispuesto a bailar contigo y tropezar.

No dejes nunca de bailar. Confía en ti mismo y jamás tires la toalla. La vida te pone a prueba, es cierto, pero detrás de esas pruebas, están tus sueños,  existen y te están esperando.

Recuerda que tus fuerzas flaquearán hasta el límite y anhelarás el momento de cerrar el telón. Pero será sólo por unos instantes, los justos para que entres en bastidores y, en el siguiente acto, reaparezcas triunfante con tu mejor traje de baile.

¡Baila con la vida! 

Porque la vida te sorprende y cuando piensas que ya nada tiene sentido... 
de repente, todo comienza a tenerlo de nuevo...



Esther de Paz


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lunes, 11 de enero de 2016

Desencuentros...








Fernando Schwartz obtuvo el Premio Planeta 1996 con su novela “El Desencuentro”, si no la has leído te la recomiendo encarecidamente. Es una novela preciosa llena de emociones y sentimientos.

Yo la leí hace ya 19 años, cuando obtuvo el afamado premio, desde entonces es uno de esos libros que se ha grabado en mi memoria y todavía no ha sido desbancado de la lista de mis libros preferidos.

Te pongo un poco al día mediante un recorte de una entrevista a su autor, en el diario El País, allá por aquellas fechas:


"La novela es en realidad la historia del desencuentro de una mujer con su vida y de un hombre consigo mismo", "Creo poco en el hado"; se tienen golpes de fortuna, a veces continuados, o momentos de mala suerte. Es la sal de la vida. Pero en lo que a la existencia personal (lo que no es la riqueza o la salud) concierne, ambas cosas deben ser encaradas como accidentes exteriores y sólo pueden ser explotadas o derrotadas gracias a un acto de voluntad. El germen de la felicidad está en uno mismo y es uno mismo el que lo hace fructificar o el que lo seca".
La protagonista de El desencuentro, una mujer llamada África, se parece, según Fernando Schwartz, a muchas españolas de la posguerra. Se casa muy joven, la abandona después su marido y es entonces cuando comprende "que ha gastado en un único esfuerzo fallido su oportunidad de ser mujer". En los tiempos de posguerra en que se sitúa la novela, "no existe el divorcio", explica Schwartz, "las anulaciones canónicas son cosa de mucho dinero y sobre las mujeres separadas pesa la sospecha permanente de la inmoralidad culpable". África dedica el resto de sus días a cuidar de sus padres y a educar a su hija. "Todo ello con una única salvedad", apunta Schwartz, "y es que durante tres años, al término de la década de los cuarenta, marcha a México a probar fortuna. Cuando regresa, se reintegra a la disciplina del hogar de sus padres y no vuelve a hablar jamás de lo que ha ocurrido allá". Sólo el empeño de su sobrino (un novelista de éxito) logra poco a poco desentrañar el misterio de lo ocurrido.

  
Bien, se que te estarás preguntando por qué te hablo hoy de una novela de hace tanto tiempo.

El tema es que es cierto que la novela tiene ya muchos años, pero lo que también es cierto es que los desencuentros están en nuestro día a día, se producen mucho más frecuentemente de lo que nos gustaría y son terriblemente dolorosos.

Según el diccionario castellano “Desencuentro” es encuentro fallido o decepcionante, también es un desacuerdo.

Para mí son una serie de circunstancias, alguna casuales y fuera de nuestro control,  que se dan de forma simultánea, contra las que no luchas sino que te dejas llevar, (los motivos son miles), pero lo cierto es que el resultado es absolutamente triste y decepcionante, sobre todo cuando, pasado el tiempo, quieres dar marcha atrás y eso ya no es posible.

Es tan triste que permitas que eso suceda sólo por una falta de acción por tu parte, por una falta de comunicación, por juicios unilaterales basados en supuestos fabricados en tu cabeza pero que no has movido ni un dedo por desentrañar, por averiguar qué está pasando, por romper moldes, por atreverte a dar un paso aun con riesgo de caer al vacío.

¿Qué importa tener riesgo de despeñarte cuando aún en tierra firme tu corazón ya está hecho pedazos?

A veces es un exceso de prudencia, otras miedo a un “no” que no queremos oír y preferimos NO correr el riesgo para oír el ansiado “sí”.

A veces son las circunstancias que te rodean y te arrastran a mantener un pose ficticia que ahoga los gritos del corazón dejándolo inerte, sin vida, relegado a músculo vital del cuerpo para mantener un vida plana y sin emociones.

A veces son falsas conjeturas acuñadas sólo en tu cabeza sin más fundamento que tus dañinos pensamientos en los que te refugias para protegerte de vientos y huracanes que no existen porque si te dejaras llevar, si dieras un paso al frente probablemente encontrarías un horizonte lleno de sol, de vida y color esperando para abrazarte.

A veces crees que alguien se ha ido de tu vida sin avisar y sin embargo esa persona sólo está esperando recibir tu llamada.

A veces…. La vida es tan complicada, o quizás lo cierto es que no es la vida sino nosotros quienes estropeamos, sin abrir, los regalos que nos hace.

A veces amigo mío los lamentos después de tiempo ya no son más que puñales clavados en el alma difíciles de arrancar que te acompañarán toda la vida.

Reflexiona, piensa de verdad y con el corazón, si ha merecido, si merece la pena…

Si en algún momento tomaste la decisión de apostar por por ser feliz,  no renuncies, no te rindas, no tires a la basura ese regalo que muchos envidiarían poseer, tanto dolor es un daño irreparable para el que no hay cabida en ningún corazón.

Quizás no sea tarde, quizás sabes pero no quieres creer que la puerta no está cerrada.

Quizás todavía estés a tiempo de, aún con riesgos,  ir al encuentro de la felicidad.


Esther de Paz

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lunes, 21 de diciembre de 2015

¿No sabes qué regalar esta Navidad?



Mi querido amigo, aquí estamos un lunes más tomando café, ¿quién nos lo iba a decir? se nos ha ido el año ya. Es increíble, ¡se me ha pasado volando!

Disfruto tanto compartiendo contigo charlas, reflexiones, hablando de lo que nos preocupa, de lo que nos impulsa, de lo bonita que es la vida, en definitiva de nuestras emociones, créeme, para mí es un regalo.

Teniendo en cuenta en las fechas en las que estamos te propongo que en  nuestra charla de hoy hablemos precisamente de eso, de regalos.



















Por la cara que pones parece que te gusta la idea, porque tu cerebro hierve cuando escucha la palabra “regalo” ¿verdad? tanto pensar y pensar… ¿qué voy a hacer este año con los regalos?, ¿qué compro?, no se me ocurre nada, debería ser original, distinto, no convencional, sorpresivo, impactante, se me debería ocurrir algo espectacular que no se olvide jamás, nada de ir a lo fácil, colonias, ropa, pañuelos, algo para la casa, no, eso no es original, ¡quiero sorprender! pero… ufff, todo está carísimo, necesito un gran presupuesto, mi pareja, mis hijos, mi familia y mis amigos se merecen algo grande. ¡Qué complicado!

Y necesitas ideas…

Verás, tengo que confesarte que, hace ya unos años, la Navidad para mí no es el mejor momento del año. Cuando era niña ¡me encantaba! Era todo magia, las luces, la nieve, la decoración de las calles, los establecimientos, toda la ciudad se vestía de Navidad, hasta las personas, porque las veías sonreír más de lo habitual, desearse Feliz navidad, escribir postales a la familia y amigos que estaban lejanos, recibirlas a su vez, ¡qué ilusión! Todo se llenaba de mensajes de AMOR, PAZ y SOLIDARIDAD.
Todo eso acompañado de la emoción de escribir la carta a los Reyes, ir a la cabalgata, poner agua y comida para los camellos la noche en que esperabas su visita y querer esperarles despierta, ¡como fuera! para verlos entrar por la ventana.
Eso, claramente, nunca ocurría, pero al abrir los ojos por la mañana, saltaba de un brinco de la cama para ir corriendo a abrir mis deseados regalos. ¡Todo era magia! Y como niña que era, no veía más allá de eso.

Después… al pasar los años…. La realidad se transforma y esa Magia… se diluye y pierde fuerza ante la realidad...

¿Cuál es la realidad?

La realidad se resume en esa frase tan manida que todos conocemos “La Navidad la ha inventado el Corte Inglés”.

La realidad es que son fechas en que todos nos ponemos el traje de “sonrisa” de “buenas personas” de “amor”, de “paz”, de “ilusión”, de “ganas de celebraciones” con los amigos, con la familia…. Pero no deja de ser eso… nada más que un traje. Cómo diría Serrat “vestidos para la ocasión”.

La realidad es que son fechas de consumo masivo.

La realidad es que, aún en tiempos de crisis, nos gastamos lo que no tenemos en regalos que no se necesitan.

La realidad es que ese traje de amor, paz y felicidad es efímero, pasado Reyes todo vuelve a la normalidad y muchos de esos regalos se quedan olvidados en un cajón junto con el amor, la paz y la ilusión.

A mí me gustaría que nos vistiéramos de verdad para la ocasión, que nos colocásemos ese traje especial… ¡pero para todo el año!, que no nos lo quitásemos nunca, ni para dormir. Me encantaría que durante 365 días el espíritu de la Navidad no nos abandonase.

Te propongo que este año lo hagamos, que nos vistamos para la ocasión desde hoy y hasta la próxima Navidad, que inundemos de AMOR, PAZ, FELICIDAD e ILUSIÓN nuestra vida, la de nuestra familia y amigos y que no sea un traje efímero sino perpetuo, porque si te miras al espejo verás que te favorece, que estás radiante y que es el momento de irradiar, de contagiar esa luz especial con la que te acabas de vestir y ya no vas a apagar jamás.

¿Qué por dónde empiezas?

¿Qué te parece si empiezas precisamente por los regalos?
Ese era nuestro tema de hoy ¿no?, ¿pensabas que me había desviado? ¡Ni mucho menos!

El tema es que este año vas a desnudarte de frivolidad y vestirte eternamente de auténtica Navidad y en lo primero que vas a diferenciarte y ser especial es en los regalos, porque vas a regalar FELICIDAD.

Olvídate de altos presupuestos económicos, existen cosas mucho más bonitas, más deseadas, más ansiadas, más valoradas y no se compran en el Corte Inglés.

Tus seres queridos te dan pistas constantemente de esas cosas, a veces ni ellos mismos son conscientes pero van dejando miguitas que si sabes leerlas, si pones interés, si las sigues… te guiarán por el camino correcto de sus deseos más añorados.

Sigue las pistas, busca, piensa, pon tu cerebro a toda máquina. Si lo piensas bien, si observas, si escuchas lo que te cuentan “entre líneas” seguro que descubrirás algo ansiado por esa persona que no es material, algo que le haría feliz si tú pudieras regalárselo,  algo de lo que ¡no se olvidará jamás!

Quizás un poco de tu tiempo, 
Quizás compartir contigo un proyecto, 
Quizás una flor en un momento inesperado, 
Quizás darle una oportunidad, 
Quizás una sonrisa llena de comprensión en uno de sus días malos, 
Quizás pedirle perdón, 
Quizás un abrazo reconfortante, 
Quizás un paseo descalzos por la playa a la luz de la Luna, 
Quizás una carta de amor, 
Quizás un juguete hecho con tus manos, 
Quizás vestirte de "minion",
Quizás una carrera de obstáculos en patinete, 
Quizás adoptar uno de tantos animales abandonados y brindarle un hogar, 
Quizás preparar una cena especial, música de fondo y dos velas tenues como única iluminación, 
Quizás aquello que te piden de continuo y tú omites de forma habitual, 

Quizás…. ¡Tantas cosas!  

Olvida los centros comerciales, olvida las páginas de internet, olvida los catálogos que desbordan tu buzón en estas fechas, olvida tu presupuesto, olvídalo todo y piensa….   ¡Piensa cómo regalar FELICIDAD!
Sólo tienes que abrir el corazón y escuchar a través de él…..

¿Sabes...? 

¡Comienza a gustarme la Navidad!



Esther de Paz

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martes, 15 de diciembre de 2015

¿Eres antisocial? Quizás sufras de intolerancia…







Hace pocos días leía esta frase en Facebook ...

“No soy borde, sólo tengo intolerancia a los gilipollas”

Me pareció buenísima y no dudé ni un momento en darle mi “me gusta”. Confieso que me magnetizó porque me sentí plenamente identificada.

Discúlpame la expresión pero la causa lo justifica.

Verás, soy de esas personas que analiza una y otra vez las cosas, las piensa, las reflexiona, se hace preguntas, busca sus fallos para intentar mejorarlos, consciente de que siempre hay mucho camino por recorrer y muchas, muchísimas cosas por mejorar de nosotros mismos. Y en estas largas y profundas charlas con mi Yo más profundo, llevo tiempo preguntándome reiterativamente si me estoy volviendo “antisocial”.

Hace años ya…. que camino por la vida y cada día, con más frecuencia, observo miles de quejas y lamentos con contrapartida pasividad, no veo acción en las personas, no veo lucha, afán de superación, resiliencia, fuerza y coraje para cambiar esa situación que incomoda, también observo egoísmo, relaciones superficiales basadas en el más puro interés, grupos de personas que se autodenominan amigos y en el momento en que uno de ellos se ausenta se convierte en centro de críticas y sarcasmos sobre su persona, cuando 5 minutos antes eran todo sonrisas, halagos y postureos de "happy friends".

Observo un mundo artificial donde lo material se sobrepone a lo espiritual en una escala desmedida, observo que la nobleza, la coherencia, el compromiso, la honestidad y la empatía han quedado relegados a ser términos olvidados en las páginas de un diccionario.

Y ocurre que cada vez siento menos interés por tener, lo que se entiende por, vida social. Cada día me siento más feliz conmigo misma como única compañía.

¿Por qué?, porque no me interesa "aparentar", porque siento que lo que me rodea no me aporta, no me enriquece, no me apasiona, no me ilusiona, no me hace feliz, me deja indiferente y, lo peor,  absorbe mi energía dejándome exhausta y con una amarga sensación de haber tirado a la basura una parte de lo más valioso que poseo, mi tiempo.

Cuántas veces te encuentras en lugares, situaciones, con personas... y te sorprendes preguntándote… ¿qué hago yo aquí?

Todo eso te revuelve por dentro y le das vueltas y más vueltas y llegas a pensar que el problema eres tú, que tú eres el loco que va por la autopista en dirección contraria pensando que los locos son los que vienen de frente.

Muchas horas de conversación contigo mismo intentando averiguar dónde está el error.

Sin embargo vives momentos maravillosos en compañía de algunas personas dónde todo eso no sucede, dónde sientes una sintonía perfecta, dónde se pasan las horas sin que te des cuenta, donde te cargas de energía, de ilusión, de ganas de vivir, de seguir creciendo junto a ellas, porque te aportan tanto, te llenan y te hacen feliz y en lugar de preguntarte ¿qué hago yo aquí? Llegas a casa con una sonrisa en el alma sintiendo ¡que afortunada soy por tener en mi vida personas que merecen la pena!

Hay un momento en la vida donde de tanta experiencia, de tanto observar, de tanto vivir, de tanto pensar, de tanto sentir…. tienes muy claro lo que quieres y aún más claro lo que NO QUIERES.

No me interesa la gente políticamente correcta
No me interesa la gente egoísta
No me interesa la gente falsa
No me interesa la gente interesada
No me interesa la gente sin nobleza
No me interesa la gente para la que la empatía es un terreno inexplorado
No me interesa la gente que no practica la honestidad
No me interesa la gente que miente
No me interesa la gente con un corazón que no sabe sonreír, ni sentir
No me interesa la gente sin alma
No me interesa la gente simple
No me interesa la gente que se queja y lamenta amargamente pero no mueve ni dedo por cambiar su situación
No me interesa la gente prepotente
No me interesa la gente que se mira el ombligo
No me interesa la gente que te busca por interés
No me interesa la gente fanática de ningún tipo
No me interesa la gente intolerante
No me interesa la gente que se aprovecha del débil
No me interesa la gente que no sabe perdonar
No me interesa la gente que odia
No me interesa la gente que sólo sabe brillar apagando la luz de los demás
No me interesa la gente cobarde
No me interesa la gente sumisa
No me interesa la gente violenta
No me interesa la gente manipuladora
No me interesa la gente sin valores
No me interesa la gente por lo que tiene sino por lo que vale.

No me interesa la envida, la violencia, la venganza, el odio ni la hipocresía.
No me interesa nada que no me aporte como persona, que me haga crecer, ser mejor cada día, aprender, emocionarme, soñar, que me inyecte energía, ilusión, ganas de vivir y que me inspire a sentir a su lado ¡qué bonita es la vida!

Creo en un mundo mejor, creo en las personas, en el pleno significado de la palabra, creo en la amistad verdadera, creo en el amor y creo en los sueños.

Y si por todo ello me tachan de borde, seguiré respondiendo….

“No soy borde, sólo tengo intolerancia a cierto tipo de personas...”


Por eso querido amigo, si tú también sufres de la misma intolerancia que yo, puedes estar tranquilo, no te estás volviendo "antisocial".

Mi consejo de hoy es que no cambies nunca, que no te dejes arrastrar por la masa, que no permitas que nada destroce tus sueños, que no toleres que nadie camine por tu mente con los pies sucios.

Rodéate e invierte en esa gente que te hace feliz, que llena y da sentido a tu vida, que te hace crecer, que te enseña y te inspira a ser mejor persona, que dibuja una sonrisa en tu alma y con la que puedes construir un mundo mejor, más justo y más humano.

Continúa charlando contigo mismo, no temas estar solo, disfruta de tu compañía, se selectivo, invierte tu esfuerzo y tu tiempo en lo que realmente merece la pena, sé fiel a ti mismo, escucha a tu corazón, defiende a muerte tu esencia, tu personalidad y tus ideales, no permitas que te manipulen, revélate y siéntete orgulloso de ser como eres.

No elijas nunca la pastilla azul.



 Esther de Paz

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