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martes, 31 de diciembre de 2019

¿Qué esperas del año que comienza? Da igual cuando leas esto

  

El año en curso llega a su fin, apenas unas horas y habrá pasado a la historia, lo piensas y casi…. ni te has enterado, pero sí él ya tiene un pie fuera de nuestro “ahora” y aunque ha sido veloz y quizás no uno de esos años para rememorar, también te ha traído cosas buenas, momentos felices, días de esos en los que no había manera de borrar la sonrisa de tu rostro, piénsalo, siéntate unos minutos y haz un recorrido verás como esos  recuerdos te siguen haciendo sonreír y revivir por unos instantes ese trocito de felicidad que ya se ha quedado para siempre en tu historia.

También ha habido momentos menos buenos, incluso puede que algunos de los que te hicieron feliz más tarde te trajeron tristeza,  incluso lágrimas, porque, como bien sabes, nada dura eternamente, las decepciones existen y  las personas, a veces, nos fallan, pero lo que sí es cierto es que tú tienes el poder de conservar tus sonrisas, tu felicidad vivida en instantes, tu emoción cuando te desbordaba y la ilusión, motor de tu energía…  todas esas cosas buenas que te hicieron feliz  ya se han escrito en tu historia y cada vez que las recuerdes la sonrisa volverá a iluminar tu rostro, son momentos reales, vividos, disfrutados, sentidos,  ¿te parece poco?

Para tu mente por un momento y céntrate en uno de ellos, recuérdalo con detalle,  piensa como te sentiste, cuánto disfrutaste de esa cena, esa charla, esa llamada, esa sorpresa, esa noche en la que habrías parado el tiempo….

Abstráete de todo y vívelo de nuevo, fuiste feliz y lo eres en este momento, no pienses nada más…

No me digas que después no continuó, que sufriste decepciones, que todavía no sabes ni qué pasó pero se desvaneció como el humo, no me digas lo que te hubiera gustado, no me digas ni pienses otra cosa  distinta a ¡qué feliz me sentí!

Ese es tu poder y debes utilizarlo, no importa que no durase todo lo que te hubiera gustado, no importan ya las decepciones, no importa ya la tristeza, nada de lo malo importa ya,  y sabes ¿por qué? Porque eso está superado, has aprendido, te ha hecho crecer como persona, te ha enseñado que eres fuerte y grande porque tu actitud lo demuestra, no odias, no guardas rencor, no has dejado que cambie tu esencia, no han podido doblarte, ¡hasta has perdonado!.

Tu mente y tu corazón están serenos y orgullosos, por tanto, date un palmadita en la espalda y recuerda una y mil veces los momentos de felicidad, no te cortes en hacerlo, son el alimento del alma.

La naturaleza es sabia y borra todo lo que no debe ocupar espacio para dejar sitio sólo a los momentos que, cada vez que los recuerdes, traerán de inmediato una sonrisa a tu corazón.

Habría sido maravilloso darles continuidad pero si no ha sido así, utiliza tu llave maestra y destierra al exilio ese final no deseado para dejar que continúe el rodaje, míralo como una toma falsa, con el tiempo hasta te reirás, y sigue rodando, continua el rodaje en el punto más álgido de tu sonrisa, rueda, cambia de vestuario, cambia de plano, de escenario, de personajes secundarios, cámbialo todo si es preciso pero no pierdas tu sonrisa, porque lo que nunca debes olvidar es que tú y sólo tú eres el protagonista y como nunca te dejarás suplantar por actores secundarios, tendrás escenas de peligro, de tensión, de intriga, de suspense, de miedo, de incertidumbre, de cansancio, de flaqueza, de duda, de soledad, de riesgo, de amores no correspondidos, de decepción, pero al final, siempre las cosas se arreglan, los miedos desaparecen, los riesgos han merecido la pena, la incertidumbre te ayuda a encontrar la certeza,  la soledad te enseña a ser selectivo con la compañía, el cansancio te hace fuerte, la flaqueza se convierte en fortaleza, la decepción te enseña y el amor llega cuando menos te lo esperas.

Después de las tomas falsas viene la buena, no dejes de sonreír, sigue rodando porque la vida es igual que una película, el montaje final es lo que vale y las tomas falsas son solo eso, tomas para recopilar, que te enseñan a hacerlo mejor, te muestran los fallos y sirven para reírte de ellas.

Yo espero de este año que comienza muchas cosas, espero que se avance hacia la paz, que demos un paso adelante para erradicar el terrorismo, la violencia, la agresividad, el hambre y la pobreza en el mundo, las injusticias, el abuso de poder, la ausencia de empatía, el egoísmo, los miedos, la falta de valores… en definitiva espero que en este nuevo año el mundo y las personas seamos un poquito mejor, más felices, más humanos y escuchemos más a nuestro corazón.

Y sobre todo espero seguir rodando la película de mi vida, parar en cada toma falsa, desecharla, aprender, no rendirme nunca, no perder mi fuerza  y continuar el rodaje con la misma ilusión  y pasión con la que empiezo cada escena, porque cuando llegue la hora del montaje final sé que me encantará el resultado. Será un final feliz de esos que si lo vieras en el cine dirías ¡que peliculón!

Adelante amigo mío, porque esto continúa y para que este año sea todo lo bueno que le pedimos, necesita colaboración, así que sigue mirando a la cámara con firmeza, atesora sabiduría, buenos momentos, felicidad e ilusión, ríete de las tomas falsas y demuestra quién eres y todo lo que vales.

Atención, se rueda… ¡Luces, cámara, acción!

Comienza el siguiente capítulo de nuestro peliculón, ¡supérate a ti mismo!  

Yo ya escucho los aplausos y me rindo a tus pies.



Esther de Paz

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lunes, 15 de febrero de 2016

Necesito tu comprensión, no tus consejos…






Llevamos ya unos cuantos años sufriendo una crisis que a todos, en mayor o menor medida, nos ha impactado de lleno en nuestra zona de confort.

Es cierto que con algunas personas ha sido mucho más cruel que con otras, como también es cierto que, por desgracia, hoy y siempre, hay y ha habido gente que sufre más que nosotros, que vive en condiciones extremas, que pasa hambre, que vive los horrores de la guerra, que soporta abusos terribles que se quedan impunes y justificados en una cultura basada en principios que violan todos los derechos humanos, argumentados por una religión mal entendida, por unos derechos adquiridos carentes del menor sentido común, sólo por haber nacido hombre, en lugar de mujer en una sociedad machista y fuera de toda lógica.  
        
Es cierto que la injusticia existe en el mundo y a unos niveles desorbitados, es cierto que los abusos de poder basados en los intereses económicos están a la vuelta de la esquina en numerosos sectores, es cierto que vemos todos los días muy cerca personas en situaciones mucho peores que las nuestras...

Es cierto que la vida no es justa, fácil, ni perfecta.

Sí, todo eso es cierto, injusto y terrible, pero lo que también es cierto es que cada uno de nosotros tenemos una vida, la nuestra, con nuestras circunstancias, nuestros propios problemas, nuestras heridas, nuestras propias guerras en las que no nos queda más remedio que luchar cada día.

Guerras en las que nos hieren, guerras que se nos van de las manos,  guerras para las que no tenemos armas, guerras para las que no hay manual sino que lo vamos escribiendo día a día con la sangre de cada herida, de cada derrota, de cada paso adelante conseguido a base de prueba y error, guerras que nos agotan hasta la extenuación, guerras que nos dejan sin aliento, guerras que no queremos luchar, guerras que no buscamos, guerras en las que, por momentos, morimos aún con los ojos abiertos...

Y  llega un día en que ya no podemos más y sentimos que preferimos morir en el campo de batalla a seguir luchando…

Desgraciadamente hay mucha, demasiada gente así muy cerca de nosotros.

Es fácil juzgar desde fuera cualquier situación, es fácil criticar y denostar a personas que están pasando una realidad de profunda tristeza, desconsuelo y desolación.
Es muy fácil decir, “sin estar en sus zapatos”, no tienes derecho a quejarte, no puedes estar así, tienes que valorar todo lo que tienes y ser feliz.

A veces, no es cuestión de no valorar lo que se tiene, no es cuestión de no querer ser feliz, la cuestión está en que todos tenemos un límite, nuestra capacidad no es infinita, ni siempre está al máximo potencial. 

Cada batalla nos debilita, cada herida deja una marca, cada intento de éxito sin resultados va minando nuestra energía y todo pasa factura hasta que las reservas se agotan y sientes que ya no puedes más y no quieres seguir...


¿Sabes?, no hace mucho leía: “Depresión nombre de mi vida”, un post de Ismael Dorado, gran profesional de la psicología, de quien aprendo con cada uno de sus escritos. Y de éste subrayo especialmente esta reflexión:

“Que solidarios somos a veces con las personas que sufren en lejanos países y que distantes con los que sufren a pocos suspiros de nosotros. Muchas veces no hay que hacer nada más que escuchar, agarrar su mano y dejarles sentir que no están solos.”

Cuan profundas y ciertas son esas palabras…

Cuando alguien se encuentra extenuado, sin fuerzas, sin ánimo, sin ilusión, cuando la tristeza se ha apoderado de su corazón, cuando ya no puede más y no encuentra consuelo…. Cuando lucha por salir de ahí pero el avance es tan lento que agota….Cuando para alguien la vida deja de tener sentido…. 

Quizás lo único que necesita es un poco de comprensión y un abrazo que no vislumbra por ningún sitio.

No tenemos derecho a juzgar, a atosigar recordando que no tiene porqué estar así y después salir corriendo por si nos “salpica”.

Te aseguro querido amigo que a nadie le gusta, ni elige por voluntad propia perder la alegría de vivir, así que, por favor, remángate los pantalones y baja hasta el barro, déjate de tópicos, frases hechas y manidos consejos, sólo haz saber tu presencia como roca sólida y fuerte donde apoyarse, y sé ese remanso de vida dónde esa persona pueda descansar, se sienta arropada, comprendida y poco a poco pueda recuperar su fuerza y volver a sonreír.

Sólo dale la mano, camina a su lado y hazle saber que no está sola.

Si de verdad te preocupa la injusticia y la solidaridad en el mundo, comienza por cambiar lo que está en tu mano, quizás algún día también tú necesites que te abracen, te comprendan y te acompañen.


 Esther de Paz
  

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lunes, 21 de diciembre de 2015

¿No sabes qué regalar esta Navidad?



Mi querido amigo, aquí estamos un lunes más tomando café, ¿quién nos lo iba a decir? se nos ha ido el año ya. Es increíble, ¡se me ha pasado volando!

Disfruto tanto compartiendo contigo charlas, reflexiones, hablando de lo que nos preocupa, de lo que nos impulsa, de lo bonita que es la vida, en definitiva de nuestras emociones, créeme, para mí es un regalo.

Teniendo en cuenta en las fechas en las que estamos te propongo que en  nuestra charla de hoy hablemos precisamente de eso, de regalos.



















Por la cara que pones parece que te gusta la idea, porque tu cerebro hierve cuando escucha la palabra “regalo” ¿verdad? tanto pensar y pensar… ¿qué voy a hacer este año con los regalos?, ¿qué compro?, no se me ocurre nada, debería ser original, distinto, no convencional, sorpresivo, impactante, se me debería ocurrir algo espectacular que no se olvide jamás, nada de ir a lo fácil, colonias, ropa, pañuelos, algo para la casa, no, eso no es original, ¡quiero sorprender! pero… ufff, todo está carísimo, necesito un gran presupuesto, mi pareja, mis hijos, mi familia y mis amigos se merecen algo grande. ¡Qué complicado!

Y necesitas ideas…

Verás, tengo que confesarte que, hace ya unos años, la Navidad para mí no es el mejor momento del año. Cuando era niña ¡me encantaba! Era todo magia, las luces, la nieve, la decoración de las calles, los establecimientos, toda la ciudad se vestía de Navidad, hasta las personas, porque las veías sonreír más de lo habitual, desearse Feliz navidad, escribir postales a la familia y amigos que estaban lejanos, recibirlas a su vez, ¡qué ilusión! Todo se llenaba de mensajes de AMOR, PAZ y SOLIDARIDAD.
Todo eso acompañado de la emoción de escribir la carta a los Reyes, ir a la cabalgata, poner agua y comida para los camellos la noche en que esperabas su visita y querer esperarles despierta, ¡como fuera! para verlos entrar por la ventana.
Eso, claramente, nunca ocurría, pero al abrir los ojos por la mañana, saltaba de un brinco de la cama para ir corriendo a abrir mis deseados regalos. ¡Todo era magia! Y como niña que era, no veía más allá de eso.

Después… al pasar los años…. La realidad se transforma y esa Magia… se diluye y pierde fuerza ante la realidad...

¿Cuál es la realidad?

La realidad se resume en esa frase tan manida que todos conocemos “La Navidad la ha inventado el Corte Inglés”.

La realidad es que son fechas en que todos nos ponemos el traje de “sonrisa” de “buenas personas” de “amor”, de “paz”, de “ilusión”, de “ganas de celebraciones” con los amigos, con la familia…. Pero no deja de ser eso… nada más que un traje. Cómo diría Serrat “vestidos para la ocasión”.

La realidad es que son fechas de consumo masivo.

La realidad es que, aún en tiempos de crisis, nos gastamos lo que no tenemos en regalos que no se necesitan.

La realidad es que ese traje de amor, paz y felicidad es efímero, pasado Reyes todo vuelve a la normalidad y muchos de esos regalos se quedan olvidados en un cajón junto con el amor, la paz y la ilusión.

A mí me gustaría que nos vistiéramos de verdad para la ocasión, que nos colocásemos ese traje especial… ¡pero para todo el año!, que no nos lo quitásemos nunca, ni para dormir. Me encantaría que durante 365 días el espíritu de la Navidad no nos abandonase.

Te propongo que este año lo hagamos, que nos vistamos para la ocasión desde hoy y hasta la próxima Navidad, que inundemos de AMOR, PAZ, FELICIDAD e ILUSIÓN nuestra vida, la de nuestra familia y amigos y que no sea un traje efímero sino perpetuo, porque si te miras al espejo verás que te favorece, que estás radiante y que es el momento de irradiar, de contagiar esa luz especial con la que te acabas de vestir y ya no vas a apagar jamás.

¿Qué por dónde empiezas?

¿Qué te parece si empiezas precisamente por los regalos?
Ese era nuestro tema de hoy ¿no?, ¿pensabas que me había desviado? ¡Ni mucho menos!

El tema es que este año vas a desnudarte de frivolidad y vestirte eternamente de auténtica Navidad y en lo primero que vas a diferenciarte y ser especial es en los regalos, porque vas a regalar FELICIDAD.

Olvídate de altos presupuestos económicos, existen cosas mucho más bonitas, más deseadas, más ansiadas, más valoradas y no se compran en el Corte Inglés.

Tus seres queridos te dan pistas constantemente de esas cosas, a veces ni ellos mismos son conscientes pero van dejando miguitas que si sabes leerlas, si pones interés, si las sigues… te guiarán por el camino correcto de sus deseos más añorados.

Sigue las pistas, busca, piensa, pon tu cerebro a toda máquina. Si lo piensas bien, si observas, si escuchas lo que te cuentan “entre líneas” seguro que descubrirás algo ansiado por esa persona que no es material, algo que le haría feliz si tú pudieras regalárselo,  algo de lo que ¡no se olvidará jamás!

Quizás un poco de tu tiempo, 
Quizás compartir contigo un proyecto, 
Quizás una flor en un momento inesperado, 
Quizás darle una oportunidad, 
Quizás una sonrisa llena de comprensión en uno de sus días malos, 
Quizás pedirle perdón, 
Quizás un abrazo reconfortante, 
Quizás un paseo descalzos por la playa a la luz de la Luna, 
Quizás una carta de amor, 
Quizás un juguete hecho con tus manos, 
Quizás vestirte de "minion",
Quizás una carrera de obstáculos en patinete, 
Quizás adoptar uno de tantos animales abandonados y brindarle un hogar, 
Quizás preparar una cena especial, música de fondo y dos velas tenues como única iluminación, 
Quizás aquello que te piden de continuo y tú omites de forma habitual, 

Quizás…. ¡Tantas cosas!  

Olvida los centros comerciales, olvida las páginas de internet, olvida los catálogos que desbordan tu buzón en estas fechas, olvida tu presupuesto, olvídalo todo y piensa….   ¡Piensa cómo regalar FELICIDAD!
Sólo tienes que abrir el corazón y escuchar a través de él…..

¿Sabes...? 

¡Comienza a gustarme la Navidad!



Esther de Paz

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lunes, 27 de abril de 2015

¿Hablamos de Valores?




valores éticos


Yo me valoro, tú te valoras, él se valora….  

Yo tengo valores, tú tienes valores, él tiene valores, ellos tienen valores….

¡Falso!

Es cierto que estoy utilizando dos conceptos diferentes en mis afirmaciones, en el primer caso se trata del verbo “valorar” y en el segundo del sustantivo “valores”, pero de ambas cosas quiero que hablemos en nuestra charla de hoy.

Comencemos por el verbo.

Valorar es apreciar algo, estimarlo, darle aprecio. Y cuando hablo de valorarse me refiero a todo aquello relacionado con uno mismo.

¿Nos valoramos a nosotros mismos?

¡No! no lo hacemos, no tenemos en cuenta todo nuestro potencial, lo que demostramos cada día, lo que somos, nuestros logros, las dificultades superadas, las veces que hemos remontado, todo lo que hemos construido con nuestro esfuerzo  y tesón.

Sólo lo hacemos si obtenemos la aprobación externa, parece que sin eso no somos nada. ¡¡¡Error!!!

Valorarse es mirarse al espejo y sentirse orgulloso de uno mismo, ver una imagen de alguien GRANDE, que ha llegado hasta ahí a pesar de las dificultades, que ha remontado una y mil veces las zancadillas de la vida, que ha superado obstáculos, que corre cada día hacia la meta sin mirar atrás, que no le pesan las mochilas porque las lleva cargadas de sabiduría, que se permite debilidades sin flagelarse, que se hunde por momentos… pero que resurge de las cenizas como el ave Fénix, que puede ver sus resultados porque están ahí, ¡porque los lleva puestos!

Y ¿por qué no lo hacemos? ¿Por qué no nos valoramos? ¿Por qué necesitamos que sean los “otros” los que lo hagan?

Es el momento de romper el bucle, es el momento de parar, de pensar, de hacer recuento…. de poner encima de la mesa lo que suma y lo que resta y ver el resultado.

Dime… 
¿Qué ves?
¿Cómo te sientes? 
¿Estás sonriendo? 

¡Enhorabuena!

Porque ahora SÍ, ahora tú y sólo tú eres ¡quién te está dando valor!


Ahora abordemos el sustantivo, hablemos de Valores…

Esto es otro cantar, ¿valores? ¿Qué es eso?

Valores son principios que nos permiten realizarnos como personas estructurando y orientando nuestro comportamiento de forma respetuosa y sin afectar de manera negativa a quienes nos rodean.

Son creencias fundamentales que nos ayudan a elegir, apreciar y preferir unas cosas o un comportamiento en lugar de otro. Son fuente de satisfacción y plenitud y desarrollan virtudes que benefician a nuestro entorno y a la sociedad en general.

Justicia, libertad, responsabilidad, honestidad, respeto, lealtad, solidaridad, generosidad, agradecimiento, amistad, amor, tolerancia, empatía, sinceridad.

Y todo eso es precisamente lo que esta sociedad está perdiendo, lo que, sin saber por qué, se va quedando como algo en desuso.

Cada vez más oímos hablar del presente, del momento, del ahora….

¡Bien! Comparto esa filosofía,  es buena porque nos invita a prestar toda la atención en el momento en el que estamos, nos invita a disfrutarlo, a saborearlo, a vivirlo con intensidad, a no perdernos lo mejor de cada día dispersando nuestra atención en un pasado que se fue o en un mañana incierto…

Eso es maravilloso, vivir con plenitud cada instante y enfocar toda nuestra atención en ello, de tal forma que cada día tenemos la oportunidad de ser felices, de sonreír, de tener ilusiones, de vivirlas, de soñarlas y de conseguirlas….

Pero no hay que confundir el “ahora” con el “YO” y “mi ombligo”.

Vivir el presente es fantástico, mirarse el ombligo ¡nefasto!

Centrarnos únicamente en el YO a cualquier precio tiene un coste muy alto con resultados lamentables.

Si alguna vez tienes dudas entre el YO y el vivir el AHORA, antes de continuar hazte esta pregunta: “¿Cómo me sentiría yo si me lo hicieran a mi?”…. la respuesta despejará todas tus dudas.

Después… ¡la elección es tuya!  Pero con una diferencia, sabrás que clase de valores son los que practicas.

Recuerda:

Valórate como te mereces sin esperar a que lo hagan por ti pero nunca, NUNCA, le des la espalda a tus Valores.

En definitiva y de una manera muy simple no te he contado otra cosa que ¡¡la receta del éxito!! 

Si este post ha servido para hacerte pensar, he conseguido el objetivo.


Esther de Paz

lunes, 5 de enero de 2015

Dime... ¿Quieres ser "empujiasta"?



Cambiar el mundo


Comenzamos el año y es tiempo de reflexión…

Quizás por la época en la que estamos, quizás porque es un tema en el que pienso recurrentemente, hoy, con el café, os pregunto  ¿se puede cambiar el MUNDO?

MUNDO, concepto tan grande y tan simple a su vez, no es más que un conjunto de pequeñas partes, de elementos básicos, NOSOTROS, alrededor de los cuales gira. 

El giro puede ser perfecto o estar desajustado.

Para que gire se necesita movimiento, el movimiento hay que inducirlo, la inducción se provoca por empuje y …. el empuje...

A menudo sentimos que nos empujan.

Nos empujan a reír cuando estamos tristes
Nos empujan a beber cuando no tenemos sed
Nos empujan a comer sin tener hambre
Nos empujan a eventos que son hipócritas
Nos empujan a ser políticamente correctos y no nos da la gana
Nos empujan a consumir sin tener recursos
Nos empujan a simular confort y en nuestro interior hace frío
Nos empujan a fingir cordialidad cuando no es merecida
Nos empujan a representar estereotipos de los que no participamos
Nos empujan a creer que todo es paz y amor sin embargo estamos rodeados de falsedad y violencia
Nos empujan a hablar de amor, amistad, lealtad, confianza y a diario observas que son valores en desuso
Nos empujan a ocupar puestos de invitados y sientes que eres material de relleno…
Nos empujan a ser mediocres cuando esa no es nuestra genética
Nos empujan creer en mentiras aun a sabiendas de que lo son
Nos empujan a no escandalizarnos ante la corrupción
Nos empujan a aceptar la violencia
Nos empujan a ser insolidarios
Nos empujan a vivir en una sociedad que ha perdido los valores

….. Y tanto empujón aturde,  el movimiento que provoca no es correcto
La educación, el respeto, la generosidad, el amor y la amistad verdadera están descatalogados...

Ves que  todo se mueve alrededor de intereses, profesionales, afectivos, económicos, sociales…..

Corrupción, maltrato, violencia, odio, fanatismo, radicalismo, armas químicas de destrucción masiva, intransigencia... ¡te rodean!

Ves que la TV, los dibujos animados, las películas, los video-juegos han dejado de educar, son escuelas de violencia, abuso, agresividad, proxenetismo, mafia, consumo de drogas y alcohol sin límites, necesidad de poder y conseguir Éxito a cualquier precio

Y te ves a ti mismo, en medio de una vorágine que te marea…. Pierdes fuerza y sientes que debes parar y rehacer los cálculos.

¡Alto!, ¡No es el camino! el movimiento iniciado no es correcto, estamos empujando en la dirección equivocada, nuestro MUNDO se resquebraja, pide auxilio a gritos y hacemos oídos sordos…

Y como no te oyen gritas, gritas tan fuerte que te estallan los sentidos, pero gritas a los cuatro vientos...

¡Quiero que me empujen!

A ser mejor cada día
A sonreír porque me sale del alma
A ser intransigente con la violencia
A no aceptar ni tolerar la hipocresía
A ver color a mi alrededor aunque el día sea gris
A ilusionarme y a generar ilusión
A ser leal
A generar confianza
A valorar la amistad
A ser solidario
A respetar
A ser auténtico
A no estar donde no deseo
A ser fiel a mis principios aunque sea políticamente incorrecto
A que mi actitud sea ejemplo
A poner límites cuando es preciso
A emocionarme con una puesta de sol o con la Luna llena
A sentir desde alma
A apasionarme caminando en la dirección correcta
A practicar cada día la empatía
A ser honesto
A condenar la mentira
A ser mejor persona

A todo eso quiero que me empujen y ¡empujar!

Y decido ser “empujiasta” empujador-entusiasta.

¡Empujiástate conmigo y comencemos  a cambiar el mundo!

Cambiemos el sentido del giro provocando un movimiento perfecto.

¡Te empujo!  ¡Me empujas!

Hagamos que el mundo se sienta auxiliado y SONRÍA :-)

Porque si lo hacemos, si me acompañas…. 

El mundo puede ser perfecto.


Yo se lo he pedido a los Reyes



Esther de Paz